
Historia de Tenza Boyacá.
Fecha de fundación: 24 de junio de 1537
Nombre del/los fundador (es): Pedro Fernández de Valenzuela
Reseña histórica:
TENZA “ REY DE LOS VIENTOS”
En tierras predestinadas para el canto y en las que la naturaleza volcó todos sus dones, fue fundada la población de Tenza, nombre indígena que, traducido a buen romance, significa “Rey de los Vientos”. Anterior a la conquista, el caserío estaba gobernado por el Cacique de Cora. El Español Gonzalo Jiménez de Quezada y sus expedicionarios llegaron a Tenza, camino de Somondoco en afanosa búsqueda de esmeraldas. Ocuparon por Varios días el poblado Tenzano al que llamaron por sus muchos vecinos la ciudad de San Juan, en el que fueron bien recibidos y acariciados.
Los aborígenes le tenían a Tenza el nombre de Teusaca, que quiere decir bajar. Para evangelizar en el Valle de Tenza fueron destinados los padres dominicos Fray Francisco Vidal, Fray Domingo Morgado, Fray Bernardino de Figueroa y Fray Gaspar de Estremera.
En enero de 1.571 se reunió el primer Capitulo Provincial, y en aquel año Tenza tenía casa Dominicana. Los padres franciscanos también fueron doctrineros en Tenza. Fueron encomenderos de Tenza el capitán Gonzalo Suárez Rondón, Cristóbal de Roa y Rodrigo Suárez Sabariego.
En su libro “Cualidades y Riquezas del Nuevo Reino de Granada”, el historiador y cronista Basilio Vicente de Oviedo dice: “El curato del pueblo de Tenza, en las mismas distancias, algo mas de una jornada de Tunja, al sureste, endilgado a los llanos y dos cortas de Santafé. En tierra templadamente cálida, produce todos los frutos de tierra caliente como maíz, plátanos, caña de azúcar etc., y con suma abundancia anís, que este y el de Guateque, su vecindario, producen cargazones de anís para todas partes y para llevar a Mompós y Cartagena y otras partes extrañas.
Con buena iglesia, completamente ornamentada, algo así extraída del común comercio, pero en temperamento ameno y sano; puede tener cien indios y más de cuatrocientos vecinos blancos. Rentara a su párroco anualmente 1400 pesos, por ser cuantiosas las primicias del anís.”
El seis de Mayo de 1.778 se expidió el decreto que erigió en parroquia a Tenza en la época de la Colonia, esta población fue capital de corregimiento. El seis de Septiembre de 1810 la Junta Suprema de Santafé concedió a Tenza él titulo de Villa.
Los Tenzanos sobresalieron por su valeroso aporte a las luchas de nuestra emancipación. Fueron heroínas de Tenza, de los Angeles Avila, quien fue fusilada por auxiliar a los patriotas que marchaban hacia Casanare; Salome Buitrago, también sacrificada por orden del español Carlos Tolra; Juana Ramírez y Genoveva Sarmiento.
Entre 1.817 y 1.821 fueron fusilados por los españoles los Tenzanos Esteban Avila, José Antonio Barahona, Domingo Barrera, Andrés Bernal, José Antonio Bohorquez, Fernando Buitrago, Fermín Contreras, Juan Manjarres, Juan José Medina, Juan Gabriel Mora, Diego Zamora y Juan Manuel Zea.
En 1.817 los jóvenes Vicente y Ambrosio Almeida se levantaron en el Valle de Tenza contra el gobierno realista y formaron la famosa guerrilla que hizo estragos en las filas españolas. Sabedor Juan Sámano de esta actitud de rebeldía contra la corona de España, envío un ejercito a ordenes de Carlos Tolra.
Estos realistas armados poderosamente hicieron prisioneros a muchos de los patriotas Valle Tenzanos y numerosos fueron pasados por las armas.
Con Bolívar combatieron en Gameza, Pantano de Vargas y Puente de Boyacá los próceres Tenzanos Antonio Aguirre, Raimundo Contreras, Víctor Gómez, Domingo Jiménez, Andrés Salamanca, Bernardo Sarmiento y Roque Sarmiento.
Yendo de Guateque, se va descendiendo lentamente rumbo a Tenza por regular carretera, atravesando cultivos de frutales y de caña dulce, en espléndido marco tropical. A la entrada d, por entre las ramas de pomarrosos y chirimoyos, se ven brillar las tres altas cúpulas de la extensa iglesia. Esta es de tres naves, en piedra labrada finamente pulida, cuyo frontis pertenece al orden dórico.
Parte del poblado se extiende en una vega sembrada de lustrosos platanales, y parte está en una ladera, en donde escalonadamente se apiñan las casitas blancas y parduscas y enseñas su embeleso los lucientes tejados.
En el centro de Tenza, pueblo que invita a la sonrisa y al ensueño, se abre bello y basto parque, adornado de jardindicillos de pinos, de frondosas ceibas, de alcaparros, clavellinas y callenas de laguitos como espejos nuevos. En el parque se levanta un monumento de piedra en homenaje a mártires y héroes de la independencia.
El visitante encuentra en esta amada población de tibio y cédante clima, un amañador hotel, con todas las comodidades y situado en un ámbito que reconforta.
Hay en Tenza variada sólida y preciosa artesanal cuya iniciación se remonta a siglos. Los Tenzanos trabajan a la perfección el fique, el esparto y la hoja seca de caña de azúcar. Con estas materias primas elaboran vistosos sombreros de viejos y nuevos modelos, cestos, bolsos, petacas, alpargatas, adornos y otra cantidad de elementos de llamativos colores. En la aceras, en los patios y en los corredores de este pueblo que viste a la vez, traje música y castellano resalta los verdes, los rojos y los amarillos de la útil canastería que sale de las prodigiosas manos de los anónimos artistas Tenzanos.
Los ríos Garagoa y el Guaya, y muchas quebradas de aguas mansas y puras fecundan las entrañas de Tenza, el pueblo que en 1983 fue catalogado por la corporación Nacional de Turismo como el más lindo de Boyacá.
La benigna y saludable temperatura, la fertilidad de las tierras, la abundancia de aguas, y la magnifica disposición de las parcelas, hacen del Valle de Tenza que paradójicamente es un valle montañoso, una de las regiones económicamente más vigorosas de Colombia, tiene vida propia y esta en condiciones de abastecer suficientemente a otras comarcas y ciudades.
Todo en estos campos contribuye a la magnificencia del vivir y a la primavera constante y sensual. Allí todo es instintivamente armónico. Como casi permanentemente están sus árboles exhaustos por la cantidad de exquisitos frutos, y los días permanecen alumbrados por el oro de los naranjales, los solares y huertos aromados por el verde intenso de los limoneros y por los coposos chirimoyos en sazón el río dibujando su eterna fábula, las orillas de los antiguos y trajinados caminos sombreados por bruñidos guayabos y granados de limpio dibujo, el aíre fino, y el concierto de mirlas blancas, de toches y arrendajos, el Valle de Tenza es un pequeño paraíso de voluptuosidad.
Rafael Azula Barrera y Darìo Samper, eximios poetas y prosistas Valle Tenzanos, en sublimes páginas han exaltado las bondades de su región.
Con sobrada razón, se afirma que no hay amaneceres más hermosos que los de Tenza y su valle “El basto silencio de prima noche describe líricamente Azula Barrera, empieza a ser turbado por las primeras voces del alba. Las estrellas palidecen, cambiando su oro vivo por una fina luz que, lentamente, va confundiéndose con el azul, cada vez más tenue del cielo, hasta desaparecer totalmente diluyéndose en la infinita claridad de la atmósfera. El canto de los gallos viene primeramente, como de un concierto lejano, haciéndose más intenso y profundo a medida que la aurora empieza a delinear las colinas y a instalar el rocío sobre los prados.
Las nubes, atravesadas por la espada del sol, se desangran en los collados, volcando su sangrienta iluminación sobre las flores campesinas, y ayudando a la madurez de la fruta un vuelo de campanas inunda el valle de sonidos poniendo en movimiento todo el alborozo doméstico.
Y en el renacimiento universal de las cosas se torna más nítido el gorgojeo de los pájaros cuyo hechizo melódico sale de los naranjales en flor, junto con el perfume que el hermoso arbusto propaga, llenando de olor la modesta planta rastrera, pasando por el cañaveral sonoro, hasta la copa de la encina o el penacho, casi inaccesible de árboles que parecen ascender al límite de las nubes para sostener la tienda del día”.
Y cuando el día a terminado, las musas refuerzan a Samper para que escriba el ambiente nocturno de su entrañable Tierrucha “En las noches los luceros van clavando su aguijón enamorado y la luna va por la onda del río persiguiendo los peces bajo las guijas. Después de la lluvia el paisaje queda más bruñido, con colores recién pintados. Y una noche con briznas de estrellas danzantes, con juegos de cocuyos que alumbran a los peregrinos, cantan cigarras, croan ranas, entona desde el árbol loco su soliloquio el currucucu”.
A cualquier hora o por cualquier camino Tenzano topa el caminante con un hombre de tez blanca, en casos algo “catire” con ancho sombrero típico, la ruana gris aleteándole en el hombre y machete al cinto, y amable parla. O encuentra una campesina que sonríe, mostrando distinción en el rostro, de turgentes senos, con los cabellos en trenza, algunas de ojos azules y cabellera rojiza. Ello indica que época remota España y Alemania, con sus ávidos conquistadores y audaces aventureros sentaron sus reales en el Valle de Tenza atraídos por la verde y diminuta piedra encantada.
Los raizales pobladores Tenzanos son cantantes por herencia con visión y talento. En las horas de recolección de las cosechas, al pie del trapiche en las moliendas, en las festividades folklóricas, en los jolgorios familiares, en los momentos de felicidad y de nostalgia en la calma despertina y cuando la noche comienza a incendiarse de estrellas y cocuyos se propagan las cantas, vibran los aires populares y se riegan como verdolaga en plaza las tonadas donde el verso campesino fluye con prodigalidad admirable. Son coplas de leve malicia, o de tinte místico o político o amorosa o de melancólico timbre, según lo exige las circunstancias y el clima espiritual que interprete.
Así rasgando las cuerdas dulcemente sonoras de un tiple y en instantes en que hay placidez en el alma, el campesino Tenzano hecha su canta “adobada con sal y pimienta”:
Esta noche, señorita


