
Monguí Boyacá Colombia.
Pueblo más lindo de Boyacá. Pequeño Escorial suramericano. Cuna de las juntas de acción comunal.
Son algunos de los apelativos que le han dado.
Asentamiento de un gran movimiento evangelizador,
testimoniado por el templo y convento mediterráneo,
mas representativo de la Nueva Granada.
Historia de Monguí Boyacá
MONGUÍ era una fortaleza de las montañas de Barcelona (España). Monguí fue habitada por los indígenas Sanoas, quienes rendían tributo al cacique de Sugamuxi. En el año 1.555 llegaron los padres misioneros Montemayor y Duran al valle de los Sanohas el cual estaba habitado por las tribus de los Tutasá, Tirem, Teguas y Sanoas, y se inició la evangelización de los indios, a cargo de franciscanos.
Por los años de 1557-1558 los caciques de Monguí y Sogamoso viajaron a la lejana España a Conocer al Rey Felipe II, en agradecimiento, el Rey obsequió dos cuadros, el de San Martín de Tours para el Cacique de Monguí y el de la Sagrada familia en la huida a Egipto para el cacique de Sogamoso, estando cada cacique en su lugar de origen abrieron los guacales encontrándose con la sorpresa que el cuadro de la Sagrada Familia apareció en Monguí y el cuadro de San Martín en Sogamoso, luego de muchos cambios decidieron dejar el cuadro de la Sagrada Familia en Monguí pasando a ser la Virgen de Monguí.
El poblado se inicia como resguardo indígena en 1.596. El 31 de diciembre de 1.601 se fundo por Alonso Domínguez Medellín en la parte civil y en la parte eclesiástica Fray Juan Blas Redondo, para esta misma fecha fueron trazadas sus calles y carreras con una plaza al centro. En 1694 se da comienzo a la construcción de la primera iglesia estructural y convento la cual se prolongo durante cien (100) años, el resultado es una imponente obra en calicanto, talla en piedra, madera y dorados. La Arquitectura del templo y convento, es una mezcla de varios estilos entre los que se destaca el Romántico por la simplicidad y severidad de sus formas, la robustez de sus muros, los arcos de medio punto, el juego de volúmenes y la utilización de gruesos estribos. En 1.636 el corregidor Martín Niño elevó el pueblo a la categoría de Municipio.
El conjunto de la iglesia y el convento de Monguí, en Boyacá, representa uno de los momentos culminantes en la arquitectura colonial neogranadina. Monumental y espléndido, se levantó para hacer parte de la "conquista de almas" en los Llanos Orientales, que se disputaron durante el siglo XVII, los jesuitas y los franciscanos. Monguí, un pequeño poblado, se hallaba en el camino hacia los Llanos, razón por la cual se escogió como punto estratégico. La historia de su construcción, en cuanto al tiempo utilizado, no se diferencia mucho de los otros: casi todos los conventos de la Colonia dependían de las limosnas o el dinero de la Corona y sus procesos de construcción se prolongaban en el tiempo. Sin embargo, el caso de Monguí es especial: se fundó en 1603 y en 1694 comenzó la obra, pero únicamente hasta 1702 se autorizó la creación de un convento regular. Para 1718, la escalera de "triple rampa", digna de verse en la actualidad, estaba terminada, pero la obra tenía varios problemas técnicos y avanzaba con gran lentitud.
En 1732 llegó a esta población boyacense un español de nombre Martín Polo Caballero, quien al parecer no era arquitecto sino "práctico" , e intentó solucionar los problemas estructurales de la construcción. Treinta y dos años más tarde el convento estaba casi terminado, con excepción de una de sus torres y la cúpula, que sólo hasta mediados del siglo XIX se pudo finalizar. Pero llegada la segunda mitad del siglo XVIII, la lucha por la conquista religiosa del Llano y el dominio material eran asuntos del pasado. En 1927 aún se estaba trabajando en la hechura de la torre sur, que se finalizó dos años más tarde. El enorme convento alojó siempre a menos de la mitad de los frailes previstos.
El Templo tiene una planta basilical; la nave central está cubierta por una bóveda falsa y pende de una armadura de par y nudillo. En la fachada se hacen evidentes las diversas etapas de la construcción, al igual que en el interior del convento, pues éste, en su primer piso, muestra los arcos en costosa piedra con pilastras realzadas y en el segundo, las mismas son de ladrillo recubierto. Finalmente, cuando se llega a la cornisa, la construcción es humilde, en teja y barro y la piedra fue desapareciendo a medida que subía la construcción. Todo esto obedeció a que los recursos de los franciscanos se agotaban y se recurrió a los más variados y curiosos materiales y técnicas, elementos que fueron enriqueciendo el conjunto, dándole un sabor diferente a los demás.
Otro elemento interesante es la pintura mural, en la cual se acusa la intervención de la mano indígena, evidencia del llamado por los expertos "mestizaje de las artes". Colores regionales, cambios en el diseño originalmente barroco, la asimetría y la inclusión de flores y frutos típicos del país y la distribución de los relieves ornamentales, se conservan como manifestación del gusto indígena mezclado con el prototipo español, haciendo aún más valioso y rico el conjunto.


