Breve historia de Chiquinquirá
Etimológicamente su nombre proviene del Chibcha Xequenquirá que significa “pueblo sacerdotal” . Fundada por don Antonio de Santana el 26 de Diciembre de 1.586.
Los primeros habitantes fueron los indios Chiquinquiraes, quienes estaban gobernados por un cacique que era el jefe de los Guechas, antes del descubrimiento de América estaban ubicados a lo largo del cerro de Terebinto en el caserío de Coca, era un pueblo inteligente y poderoso, lo demostraron cuando los Muzos quisieron invadir su territorio, quienes organizaron y con la ayuda de seis mil nativos procedentes de las tribus de los Saboyaes, se enfrentaron obligando a los Muzos a retroceder. Afligidos estos, juraron tomar venganza y más tarde al mando de los caciques fieras invadieron estos territorios por la región de Tinjacá por cerca de veinticinco años. Esto dio origen a la diversidad de sus creencias y costumbres, las que en realidad eran bastantes variadas Chiquinquirá se levantó a partir de las construcciones que ordeno doña Catalina de Irlos, viuda del encomendado Antonio de Santana, quien erigió sus aposentos sobre la margen izquierda del río Chiquinquirá.
FUNDACIÓN DE LA VILLA DE CHIQUINQUIRÁ.
Unos pocos años antes de morir, el encomendero Antonio de Santana en compañía de su esposa Doña Catalina García de Irlos,
habían ordenado la construcción de una nueva morada, en la margen izquierda de un río de caudalosas aguas, que luego se
llamará “Río Chiquinquirá”, para aprovechar la abundancia de pastos y la fertilidad de sus tierras. Doña Catalina quiso
cumplir la última voluntad de su difunto esposo y se trasladó a la nueva residencia. Entre sus enseres llegó la manta que
había contenido la imagen de la Virgen del Rosario.
Un sobrino del encomendero de nombre Pedro de Santana, había seguido los pasos de su tío en aras de buscar fortuna en el
Nuevo Continente; estaba casado con una mujer nacida en Guadalcanal, España, con quien tenía un hijo de tres años; esta
mujer de nombre María Ramos, había tenido una hija con otro varón que a la sazón contaba con unos 13 años; María, intentando
hacer vida con su marido viajó a América, pero aquí Pedro de Santana estaba “entretenido con otra mujer”; a esta primera
desgracia se sumó la muerte repentina de su pequeño hijo, víctima de las fiebres del trópico; así que la mujer entró al
servicio de doña Catalina y con ella llegó a la que será Chiquinquirá.
Intentando apaciguar sus penas María Ramos, solicitó a los indios cocas de la vereda de “Hato de Burras”, hoy “Hato de Susa”
que levantaran un pequeño oratorio, donde extendió la manta que apenas si tenía algunos rastros de pintura. Según refirió al
primer cura párroco de la naciente ciudad de Chiquinquirá, don Gabriel Gallegos, todos los días rezaba diciendo: “Hasta
cuando Rosa del Cielo, tendré la dicha y la fortuna de ver tu bello rostro”.
En la mañana del viernes 26 de diciembre de 1586, un niño mestizo de unos 12 años de edad de nombre Miguel, hijo de Isabel,
una india ladina de la encomienda de Turga, hoy Muzo, gritó: “Miré mamá que la Virgen se está quemando”. A los gritos
corrieron los dueños de casa y encontraron que la imagen se había bajado de las cañas en que estaba amarrada y se encontraba
de pie sobre el rústico asiento que utilizaba María Ramos para mayor comodidad de sus rezos y abluciones.
Esa mañana con el grito del niño mestizo quedó fundada la ciudad de Chiquinquirá, que tomó ese nombre porque este lugar, en
el siseado lenguaje muisca, se llamaba “Yenyiniquiza”, que se traduce como “el lugar del sacerdote” (es decir, del conocedor
de los secretos) por cuanto sobre los bosques del cerro “Terebinto” o Parque Juan Pablo II estaba la “Cuca”, “Seminario” o
“Colegio” donde preparaban a “jeques” y “güechas”, quienes recibían amplia formación en medicina, leyes y demás secretos para
dirigir las comunidades indígenas.
A la llegada de los sacerdotes españoles, estos recibieron información sobre la importancia cultural que tenían estas “Cucas”
o “Seminarios” y lentamente comenzaron a cambiar el imaginario de dioses tutelares de los indígenas por las advocaciones
marianas y de otros santos que traían de Europa. Entonces, no es desenfocado afirmar que se logró una inversión mental entre
la diosa Bachué y la Virgen del Rosario, para permear —en el larga duración— una mentalidad religiosa del orden sincrético, es
decir, tomando elementos de las dos culturas para finalmente trazar una serie de imaginarios, que en últimas son grandes
empresas de propaganda para sustentar un concepto, como por ejemplo, el “Imaginario Mariano” que presenta a la Virgen como el
paradigma esencial y el modelo de virtudes de la mujer; para pregonar que dama “bien casada” es aquella que contrae matrimonio
a los pies de la Virgen y, así lo canta la “Guabina Chiquinquireña”, la pieza folclórica que le da identidad a la ciudad y al
santuario mariano que la preside.
Elegida Parroquia en 1.588, Municipio en 1.636 y finalmente Ciudad en 1.651. Fue una encomienda muy importante, en cuyos aposentos se encontró un cuadro de la Virgen del Rosario pintada por don Alonso de Narváez, elaborado con arcilla de colores y sumo de plantas lo que despertó un masivo fervor religioso que convirtió a la ciudad en una de las más famosas del mundo religioso. Es la sede de la Santa Virgen del Rosario de Chiquinquirá, Patrona de Colombia. |